Al despertar…

Era la primera vez que ingresaba en un hospital, por lo menos desde que tenía uso de razón. Estaba agotada después de muchas horas en urgencias. Me sentía como si un camión me hubiera pasado por encima pero sin golpes, dolores, fracturas ni moratones.

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Una de las noches que pasé en el hospital tuve un sueño. Era una tarde soleada de verano y montaba en bicicleta por el paseo marítimo de la playa de San Lorenzo de Gijón y luego por el puerto deportivo; sola y sin rumbo fijo. Me sentía bien, disfrutaba del paseo y por el camino encontraba a personas conocidas y paraba a conversar con todas ellas.
Al despertar recordé lo que había soñado, muy agradable. Pensé “me gustaría dar un paseo como ése en algún momento”. Y no pude evitar comparar esa ilusión con la realidad que estaba viviendo:
En el sueño iba sola, cosa que ahora no me gusta hacer porque no me siento segura cuando salgo sin compañía.
En el sueño andaba en bicicleta. Es un ejercicio que había estado haciendo los días anteriores al brote, y aunque es verdad eso de que nunca se olvida, mi equilibrio y coordinación necesarios para ello ya no son lo que eran, y la fatiga no me permite aguantar más de dos asaltos.
En el sueño era verano y hacía sol, igual que las condiciones meteorológicas de aquellos días. Siempre me gustó mucho ir a la playa (cuando el tiempo en Asturias lo permitía), pero ahora me he visto obligada a limitar la exposición al sol, sobre todo si realizo alguna actividad física, aunque sea un paseo inofensivo en bicicleta.
En el sueño, charlaba alegremente con todos los conocidos con los que me encontraba. Desde ese brote, mis capacidades de comunicación se han visto mermadas ligeramente: a veces no encuentro las expresiones adecuadas, otras veces arrastro las palabras y me cuesta vocalizar. Me da la sensación de que los músculos de mi cara se paran y las palabras simplemente no salen. Lo que sí sale son las lágrimas de mis ojos cuando soy consciente de este pequeño bloqueo que se repite más veces de las que me gustaría.
En mi sueño, mi espíritu estaba cargado de energía y al despertar, mi cuerpo no tenía fuerzas para nada.
La esclerosis múltiple hace que las fuerzas sean cada vez más difíciles de recuperar. De esta realidad es de la que quiero despertar.

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