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Mi experiencia con MOWOOT

El estreñimiento crónico es un problema al que yo no le daba importancia pero que se vio acentuado a raíz del diagnóstico de esclerosis múltiple en 2010. Por síntomas como la fatiga, la rigidez muscular o las dificultades de movilidad no puedo hacer todo el ejercicio que me gustaría. En particular, siempre noto mucho el estreñimiento durante los ingresos hospitalarios, donde a pesar de tener una dieta especialmente configurada para asegurar el tránsito, pasaba cuatro o cinco días sin ir al baño.

A pesar de todo, nunca comenté esta cuestión con ningún médico. Nunca he probado laxantes ni enemas. Y en cuanto a los masajes abdominales, pensaba que solo estaba indicado para los bebés. Yo creía que dentro del problema del estreñimiento, estaba bastante bien, que a mí no me afectaba de forma grave como a otras personas.

mowoot
Por estas razones, no pensé que un producto como MOWOOT me fuera a interesar, hasta que lo probé y vi los resultados.

Hay muchas cosas que me gustan de MOWOOT. Por ejemplo, que no tiene efectos secundarios. Este aspecto es muy importante para mí, porque los fármacos laxantes o los enemas pueden dañar tu cuerpo y siempre estoy preocupada por la compatibilidad entre medicamentos. De esta forma, con un remedio natural como son los masajes, no hay que darle más vueltas.

Casi sin darte cuenta, pasa a formar parte de tu rutina diaria. El cinturón se coloca fácilmente y durante el masaje puedes estar descansando, puedes leer, charlar tranquilamente, escuchar la radio, etc. Puedes utilizarlo tantas veces como quieras, y siempre te sentará bien. El masaje produce una sensación muy agradable y el cuerpo se queda relajado. Con MOWOOT, creas un hábito saludable sin apenas esfuerzo.

Desde el primer día he notado mejoras, como mayor frecuencia de deposiciones, que tienen lugar a la misma hora del día, y también más facilidad y menos tiempo invertido cada vez que voy al baño. Además, si algún día no puedo utilizar el MOWOOT o si no voy al baño, mi cuerpo no lo pasa mal como antes. Ahora tengo la certeza de que esa situación no va a durar mucho tiempo y eso es algo que me da seguridad y me tranquiliza sobremanera.

Después de comprobar que funciona tras varios meses de uso, me dirijo a tantas personas como yo, que no son plenamente conscientes del problema del estreñimiento crónico. A los que dudan y dicen “eso no es para mí” y ni siquiera se imaginan los beneficios que pueden obtener de un dispositivo como MOWOOT. Merece la pena hacerse con él, se amortiza desde el primer minuto y es una inversión en salud y en calidad de vida.

Me alegro de haberle dado una oportunidad.

www.mowoot.com

El tiempo entre consultas

Esto se me pasaba por la cabeza un día esperando mi turno en el hospital, el contraste entre el tiempo que dura la consulta y el tiempo que esperamos a que nos atiendan. “El tiempo entre consultas”. Como si fuera una versión de la novela “El tiempo entre costuras” de María Dueñas. Seguro que el chiste ya se le habrá ocurrido a alguien, pero es tan malo que hasta me parece simpático.

tiempo entre consultas
Ese tiempo entre consultas es la historia de nuestro día a día, con momentos mejores o peores, una temporada buena, otra mala… Son también los minutos (u horas) que pasamos en las salas de espera. ¿Y el tiempo que pasamos realmente en las consultas? Ésa es otra historia, y muchos piden que los minutos destinados a cada paciente se prolonguen un poco más.

A las revisiones y pruebas rutinarias que pasa todo hijo de vecino tenemos que sumar las horas extra por nuestra condición de pacientes crónicos. Si nos ponemos a hacer números, calculadora en mano, la cuenta saldría mayor de lo que esperamos. Y probablemente pensaríamos ¿realmente hemos invertido tanto tiempo? Por supuesto, no llevamos la cuenta, sería de locos. Pero como a todo, a eso también nos acostumbramos y termina por convertirse en una más de nuestras rutinas.

Las visitas a urgencias pueden alargarse muchas horas, y en mi experiencia casi siempre van seguidas de un posterior ingreso en planta. En lo que a las consultas se refiere, creo que la de mayor duración ha sido la primera de neurología, cuando recibí el diagnóstico de esclerosis múltiple hace seis años. También fue más larga de lo habitual la que tuve este verano por el cambio de tratamiento de Betaferon a Tysabri. Ambas han llegado a los 30-40 minutos. Y en mi caso, las consultas en las que el tiempo de espera es bastante mayor al de atención han sido casi desde siempre las de oftalmología. Y por el lado de las pruebas, recuerdo que los últimos potenciales evocados se alargaron hasta llegar a las tres horas. ¡Qué dolor de cabeza al salir! Después de la primera hora, las agujas en la cabeza ya empezaban a molestar…

En algún sitio he leído que un paciente crónico pasa como mínimo cinco horas al año en contacto con el sistema sanitario (en España). Si esa cifra es acertada, el tiempo medio en total para estos pacientes es con toda probabilidad mucho más elevado, y seguro que aumenta cada año. Y si queremos ser más exactos, no olvidemos sumar los tiempos de espera y añadir el tiempo de desplazamiento a los centros sanitarios.

Creo que el tiempo efectivo que pasamos en contacto directo con los profesionales es muy inferior al que pasamos esperando en salas de espera o haciendo cola para consultas, pruebas, análisis, farmacias, urgencias, enfermería, rehabilitación, e incluso en el servicio de atención al paciente.

Y vosotros, ¿notáis mucha diferencia entre “el tiempo entre consultas” y el de atención propiamente dicha?

Dormir está infravalorado

Me encanta dormir. Y además, siempre he sido una persona vespertina. Recuerdo que lo pasaba fatal levantándome para ir al colegio. El sonido del despertador debe de ser el más aborrecido por los estudiantes de todas las edades.

dormir
Cuando crecí y las tareas requerían más tiempo y dedicación, mis mejores horas para estudiar siempre eran después de cenar, entre las diez de la noche y la una de la mañana. Durante esos momentos, mi mente estaba más espabilada y perspicaz, y mi cabeza funcionaba como una máquina perfectamente engrasada. No importaba la materia que tuviera delante porque la asimilaba sin problemas ni apuros, cosa que en otras horas del día no sucedía.

Ya en la universidad continué aprovechando esas horas para estudiar y podía levantarme al día siguiente a las siete de la mañana sin mayor dificultad, un día sí y otro también, a pesar de que las jornadas eran más largas. La llegada de nuestra inquilina la esclerosis múltiple cambió mi vida de estudiante, mis horarios, mi capacidad de concentración y de atención, mis energías y en especial, la forma de disponer de ellas.

Para dosificar mejor mi energía, hice algunos cambios en mi rutina. En lugar de ducharme por las mañanas, pasé a hacerlo a última hora de la tarde para evitar prisas en la bañera, fatiga innecesaria, y así levantarme un poquito más tarde. Empecé a “dormir” la siesta los días que no tenía clases por la tarde. Lo pongo entre comillas porque casi nunca conseguía dormir, pero simplemente tumbarse con los ojos cerrados era algo que echaba de menos cuando no me era posible hacerlo. Dejé de estudiar hasta la una, hasta las doce como muy tarde en circunstancias excepcionales. Además, me aseguraba de pasear a menudo para despejar la cabeza y para dormir mejor por la noche gracias al ejercicio.

Por suerte, en los últimos años tuve horarios flexibles y para nada agotadores en comparación con los primeros años, cosa que jugó a mi favor para poder terminar. Lo que he aprendido es que si no descansamos bien, el cuerpo no responderá a lo que queremos hacer, y aunque responda mínimamente, los resultados dejarán bastante que desear. Y si tenemos dificultades para conciliar el sueño, debemos pedir ayuda y encontrar la raíz del problema.

A día de hoy, dormir y descansar bien sigue siendo una prioridad para mí. El descanso es salud y tenemos que tomarlo en serio y darle la importancia que le corresponde.

El baño, mejor con ducha

Hace unos meses, en casa hemos dado el paso y cambiamos la bañera por la ducha. Es algo que ya habíamos considerado pero tardamos un poco en decidirnos.

Desde hace algunos años, en concreto desde mi segundo brote (el del vértigo), instalamos un banco de esos que quedan atravesados en la bañera. Te sientas desde fuera y una vez sentado levantas las piernas para sortear la pared de la bañera y te duchas sentado, y para salir, inviertes el proceso. Es muy útil cuando sientes mareos, si las piernas están torpes o si estás cansado y te encuentras débil.

En muchas ocasiones, ha sido imprescindible y aunque no lo he necesitado siempre para ducharme, me ha dado mucha tranquilidad tenerlo ahí. El mayor uso que le he dado ha sido después de la ducha, para vestirme, secar el pelo, etc. Incluso me sentaba en él para limpiar el baño más cómodamente y sin fatigarme tanto. La verdad es que me ha venido de lujo.

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Imagen: suortopedia.com

Pero este año ya era urgente y necesario hacer algo al respecto, porque mi situación se volvió insostenible. Yo venía de pasar la semana en el hospital con mi quinto brote (el fuerte, el de las piernas). Allí, todo el baño estaba adaptado y no había que levantar ni un pie para poder ducharse. Me dije: esto es lo que necesito, lo que me gustaría tener en casa.

Por suerte en mi casa hay dos baños. El banco se ha quedado en la bañera grande y en el baño pequeño es donde se hizo el cambio. Yo nunca lo utilizaba para ducharme porque la bañera era tan pequeña que entrar y salir de ella eran un deporte de riesgo y ni siquiera había espacio suficiente para colocar un banco o un cualquier otro asiento. Ahora la ducha va a ras de suelo, con un taburete que se puede mover y barras de apoyo para mayor seguridad.

El cambio no ha sido sólo para mí, sino para toda la familia. Después de utilizarlo esta temporada, confirmo que merece la pena totalmente. Ha sido una inversión en seguridad y una mejora considerable.

Me cuesta entender que en la mayoría de viviendas nuevas sigan instalando bañeras. Una cosa es no necesitar una ducha adaptada, pero lo que sí nos conviene a todos es reducir y eliminar riesgos para evitar caídas y accidentes que pueden resultar muy graves.

La casa, los muebles, el baño, etc. tienen que hacernos la vida más cómoda y estar a nuestro servicio, no al revés.

Conducir con esclerosis múltiple

La semana pasada pude asistir a una de las charlas organizadas por la neuropsicóloga Yolanda Higueras en la Maternidad del Hospital Gregorio Marañón en Madrid. Se habló de esclerosis múltiple y conducción, y fue impartida por la doctora Martínez Ginés.

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Me ha hecho recordar mis clases prácticas en la autoescuela: una hora de actividad física y mental, de gimnasia continua y de concentración sostenida. Y así todos los días, y se nota la diferencia entre conducir por la mañana temprano y conducir después de comer.

Pensaba que no iba a notar tanto la esclerosis múltiple, pero siempre utilizaba gafas de sol para contrarrestar la claridad y aumentar el contraste. Siempre estaba pendiente de llegar a un baño o a casa antes de que fuera demasiado tarde y no pudiera controlar la orina. Siempre pisando los pedales como si mis pies fueran de madera, con torpeza y sin la fuerza o la intensidad justa que yo quería darles.

A veces, mis piernas tiemblan o se agarrotan haciendo difícil el juego de pies. Por supuesto, el calor me va consumiendo las energías y me nubla el pensamiento, así que mejor conducir con aire acondicionado.

A pesar de estas molestias, obtuve el permiso de conducir sin grandes problemas hace casi un año. La cosa se ha complicado un poco desde el último brote, pues las piernas han sufrido lo suyo y no he practicado la conducción tanto como hubiera querido. Además, la confianza en mí misma se ha visto mermada, cosa que probablemente no ocurriría si tuviera más experiencia al volante.

Al estar todavía en fase de aprendizaje, soy consciente de todos mis movimientos. Si llevara más tiempo conduciendo, ya los tendría automatizados y no estaría pensando todo lo que hago hasta el mínimo detalle y podría prestar toda mi atención a la circulación.

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La conducción nos da mucha autonomía y nos facilita ir a trabajar o a estudiar, hacer recados, visitas… Se trata de adaptarnos y llegar a un acuerdo con nosotros mismos para cambiar las horas de conducción, dosificar los tiempos, tener presentes los efectos de algunos medicamentos, etc.

Tengo la intención de hacerme con un coche automático en el futuro, cuando sea posible, porque creo que supondrá una mejora sustancial, pero mientras tanto seguiré practicando con el manual.

¿Cómo hacéis vosotros para conducir con esclerosis múltiple?

Actualización: para conocer los puntos que se han tratado en la charla y más detalles sobre la renovación del permiso de circulación, adaptaciones del vehículo, etc., visitad la entrada de CleoLagos “Conducción y EM” en somosem.com