La historia de mi EM, parte 4: las secuelas vienen y van

Mi historia con la esclerosis múltiple continúa. A medida que pasa el tiempo, voy aprendiendo cosas sobre mí misma y sobre la enfermedad, y voy escuchando lo que dice el cuerpo, aunque a veces no esté muy segura de lo que significa. Eso me pasa a menudo.

Transcurrido un año desde mi tercer brote mi tercer brote, apareció de nuevo la visión borrosa en el ojo derecho. Yo pensaba: “ya estamos otra vez”, pero a medida que pasaban las horas, comprobé que las molestias iban y venían, eran intermitentes, y no sentía apenas dolor. Era muy extraño, porque no parecía un brote. De todas formas, seguí el consejo que siempre me dieron los neurólogos: si tienes molestias durante más de 24 horas, acude directamente a urgencias.
Me dijeron que tenía un poco de fiebre, 37,7ºC. Yo me había tomado la fiebre en casa, pero el termómetro siempre marcaba por debajo de 37. La oftalmóloga dijo que el fondo de ojo se veía normal, pero que efectivamente mi visión había empeorado. Después, la neuróloga solicitó una analítica de sangre y de orina para descartar posibles infecciones, y le comenté que yo no percibía estos síntomas como un brote, pues no eran constantes y no tenían la intensidad de las neuritis anteriores.
Los resultados de los análisis eran normales y lo más seguro es que yo tuviera cualquier virus (seguramente el de la gripe). Pero la neuróloga me explicó algo que yo desconocía: los virus bajan las defensas, y el tratamiento con interferon beta, también. En condiciones normales, el propio organismo se encarga de reparar en la medida de lo posible los daños causados por la esclerosis múltiple (remielinización). Cuando las defensas bajan, ese “sistema de mantenimiento” del cuerpo deja de reparar las lesiones para luchar contra infecciones externas. Por eso percibimos con más intensidad las secuelas de los brotes anteriores. Y eso era lo que me estaba ocurriendo a mí.
La neuróloga me recetó paracetamol para la fiebre y dijo que, de todas formas, hice bien en acudir a urgencias para descartar una posible neuritis óptica. Al final no era nada, pero la vista es tan sensible que parecía algo más, especialmente después de dos neuritis, y necesitaba salir de dudas.
Las molestias continuaron tres o cuatro días más, y luego todo volvió a su sitio. Pero ante cualquier duda, consultad al médico. Yo no sabía lo que me estaba ocurriendo y necesitaba respuestas, y sobre todo, tranquilidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.