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Tratando el dolor neuropático

La esclerosis múltiple es una enfermedad que suele presentar dolor como uno de los síntomas más molestos. A mí, en concreto me da dolor de cabeza, dolor detrás del ojo derecho como secuela de las neuritis, y también en las piernas, donde además de afectación motora tuve afectación sensitiva (parestesias).

Noto hormigueos. No importa si estoy de pie, caminando, sentada o tumbada, siempre están ahí. Me acostumbro a ellos y se convierten en una parte más de la vida “normal”, pero de un tiempo a esta parte esos hormigueos se acompañan de pequeñas descargas eléctricas, como si pasara corriente a través de las piernas, y me duele. También siento una sensación de quemazón muy molesta, que la piel arde y quema, e incluso todo lo contrario, que la piel se pone de gallina como si de repente me entrara mucho frío, pero sin tener frío.

Estas sensaciones aparecen en cualquier momento del día y son difíciles de explicar y de identificar de forma individual, pues a mí me parecía que podían estar relacionadas con la espasticidad, esa rigidez muscular que hace que las piernas se me pongan como palos y que tenga que esperar a que se relajen para dar un paso, y que también duele. Lo consulté con mi neurólogo y me dijo que estas alteraciones sensitivas son muy habituales en la esclerosis múltiple y especialmente en las partes del cuerpo que han tenido afectación previa en un brote, y se engloban bajo un nombre común que es el dolor neuropático. Me presentó una opción de tratamiento sintomático para controlar estas secuelas y es la gabapentina (Neurontin por su nombre comercial).

dolor

Empecé tomando una pastilla con la cena durante quince días y después aumenté la dosis e incorporé otra pastilla con el desayuno. El único efecto que noté fue el mareo que se presenta un par de horas después de la toma. Fue significativo durante los primeros días pero por suerte el cuerpo lo ha asimilado y ahora no me pasa. Bueno, me pasa si no meto suficiente comida en el estómago, como una vez que no tenía muchas ganas de cenar y por tomar solo un yogur con la pastilla en seguida apareció el mareo.

Después de cinco meses con esta medicación noto que va bien. En un principio no me gustó mucho la idea de tomar más medicamentos de forma indefinida porque parece que verdaderamente las cosas no van del todo bien. Pero las analíticas de sangre y orina son normales y tampoco he tenido problemas de compatibilidad con el natalizumab (Tysabri). Ya sabemos que los tratamientos no son efectivos al cien por cien pero yo estoy contenta con la gabapentina para el dolor neuropático porque es verdad que suaviza estos síntomas sensoriales y los hace mucho más llevaderos sin tener efectos secundarios. Espero que siga funcionando bien.

¿Alguien ha probado la gabapentina? ¿Cuáles son vuestras experiencias con el dolor neuropático?

Saber o no saber

Recientemente se han publicado los resultados de una encuesta realizada en el Reino Unido en la que preguntaban a las personas con esclerosis múltiple si, de ser posible, querrían conocer el pronóstico de su enfermedad a largo plazo. Incluían cuestiones como en qué momento preferirías saberlo, si en el diagnóstico o más adelante o si supondría una carga emocional manejable. Para ampliar la información sobre este estudio haced click en este enlace de la web TiTi y la página en inglés PLOS ONE con todos los datos, que dan para mucho. Pero hoy me quedo con la pregunta del millón: ¿saber o no saber?

Si me hicieran la pregunta en esta etapa de mi vida, respondería afirmativamente. Diría que sí porque creo que sería la clave para escoger los tratamientos de una forma mucho más acertada y evitando riesgos. Se podría retrasar la aparición de síntomas, anticiparse a posibles efectos secundarios y retardar la progresión de la EM. Los pacientes podrían comenzar una terapia física antes de que fuera demasiado tarde, lo que ocurre en muchos casos, e ir ajustando su estilo de vida desde el diagnóstico introduciendo cambios en el descanso y en la alimentación.

Pienso que de existir esta posibilidad, habría podido comenzar el tratamiento desde el minuto uno y empezar una lucha más activa contra la EM. Creo que con un tratamiento preventivo mi organismo no habría estado tan desprotegido ante los brotes más fuertes y no le habrían pillado por sorpresa. También habría comenzado a informarme de la enfermedad mucho antes y hubiera aprendido a escuchar mejor las señales que manda el cuerpo.

En mi opinión, en el supuesto caso de disponer de la tecnología y los marcadores adecuados para conocer el pronóstico de la EM, estaríamos ante la siguiente mejor noticia por detrás de la cura definitiva de la enfermedad y de la regeneración de la mielina y la reparación de los axones. Sería como tener una bola de cristal que nos permitiera ver el futuro y no solo adelantarnos a los acontecimientos, sino también modificarlos o como mínimo, estar mejor preparados de lo que estamos ahora para el momento de su llegada.

Ahora, a toro pasado y conviviendo con la EM es fácil para mí valorar esta cuestión hipotética. Pienso que haber sido posible conocer cómo iba a evolucionar mi enfermedad, haberlo sabido al principio hubiera sido extraño y desmoralizante y ante tal proposición no sé qué hubiera dicho. Después de una neuritis óptica que no me afectó significativamente, todo iba normal, entonces una cosa es que te digan lo que puede pasar y otra es saber cómo se las gasta esta enfermedad y hasta dónde puede llegar porque lo estás viviendo en tus propias carnes. Ahí está el verdadero choque entre el dicho y el hecho, entre las previsiones y la realidad, y la espera se habría hecho difícil de soportar.

saber

Siento que de haber conocido el pronóstico habría dejado de perseguir la carrera marítima. Cosa que tampoco hubiera sido fácil, pero podría haber estudiado otra cosa en lugar de invertir tiempo, esfuerzo y dinero en algo que no me hiciera sentir tan inútil hoy en día. No me malinterpretéis, si uno tiene la posibilidad de estudiar lo que sea, creo que lo mejor es aprovechar la oportunidad y aprender todo lo posible de esa experiencia, pero el sentimiento de frustración y la sensación de que mi formación se ha ido por la borda siguen ahí, y nunca mejor dicho.

Pero claro, igual que no tenemos una máquina del tiempo para viajar al pasado, tampoco podemos viajar al futuro. Recibo el diagnóstico a los veinte años, sin tener ni idea de lo que es la EM. El neurólogo diciendo que puede que no ocurra nunca más en la vida y que no quiere darme tratamiento para no condenarme a pincharme un día sí y otro también porque soy muy joven y porque no se sabe lo que va a pasar. ¿Qué otra información tengo para decidir? ¿De quién me fío? ¿Qué voy a hacer? La respuesta de los médicos se formula en tres palabras mágicas y es la misma que para todos los recién diagnosticados: haz vida normal.

Y cuando poco después sufrí nuevos brotes vi que la recomendación unánime por parte de los profesionales era la de no tomar decisiones drásticas ni durante ni justo después de un brote. La química cerebral de los pacientes está alterada y no es el momento adecuado para considerarlo. Aunque se haya contemplado con anterioridad, en mitad de un brote no se recomienda hacer cosas del tipo dejar de trabajar o dejar de estudiar, hacer una compra considerable como un coche o una vivienda… No es aconsejable porque el riesgo de arrepentimiento es elevado y ese tipo de decisiones son difíciles de deshacer.

Por eso, entre que me recupero del brote, me adapto a las secuelas y todo vuelve a esa vida normal que dicen los médicos el tiempo se me echa encima y me quedo sin opciones. Además, consideré siempre que lo mejor para mi salud física y mental era mantener la rutina y no introducir cambios sustanciales.

Pero en definitiva sigue siendo imposible en la actualidad conocer cómo va a evolucionar nuestra esclerosis múltiple. Fijaos que utilizo las formas verbales en modo subjuntivo o en tiempos condicionales, pues a pesar de que me han asaltado en numerosas ocasiones y la cuestión es ciertamente interesante, estos pensamientos míos no dejan de ser pura especulación.

Y vosotros, si os dieran a elegir, qué preferiríais ¿saber o no saber?

La esclerosis múltiple en The West Wing

¿Habéis visto la serie The West Wing? Puede que la conozcáis como El Ala Oeste de la Casa Blanca. Este drama político creado por Aaron Sorkin y emitido por NBC de 1999 a 2006 transcurre en la susodicha ala oeste de la Casa Blanca con el objetivo de seguir el día a día del equipo del presidente de los Estados Unidos de América. Es un claro ejercicio de patriotismo protagonizado por un gobierno ficticio que para muchos sería el ideal, pero también es una serie innovadora en su género y sin ella probablemente no disfrutaríamos de otras series de carácter político en la actualidad.

Al leer la sinopsis, me despertó la curiosidad el hecho de que el presidente en la ficción tuviera esclerosis múltiple. Me intrigaba ver cómo enfocaban este asunto en una producción para la pequeña pantalla cuyo último capítulo se emitió hace ya más de diez años. Para haceros una idea general os recomiendo el resumen de EMpositivo.org. The West Wing es una serie larga, de siete temporadas con 22 episodios cada una y lógicamente la EM no está presente a todas horas, pero me gustaría analizar su papel y comentar mis impresiones desde mi punto de vista esclerótico.

Los guionistas querían que el presidente ficticio padeciera una enfermedad crónica, que no fuera transmisible o contagiosa (como el SIDA), que no supusiera un rápido deterioro cognitivo y emocional grave (como la enfermedad de Alzheimer), ni físico (como la esclerosis lateral amiotrófica) y que tampoco fuera terminal (como pueden serlo muchos tipos de cáncer). Y finalmente se decantaron por la esclerosis múltiple.

Josiah “Jed” Bartlet, descendiente de políticos, natural de New Hampshire, acusado por muchos de ser un elitista y un esnob, se presentó como candidato por el Partido Demócrata a las Elecciones Presidenciales. Fue diagnosticado con esclerosis múltiple remitente recurrente después de experimentar episodios de déficit neurológico ocho años atrás. Finalmente fue elegido presidente sin dar a conocer su enfermedad a su equipo ni al electorado.

La persona que lleva en secreto la enfermedad junto con Jed es su mujer y primera dama Abbey, que además es doctora. Ella misma es quien toma la decisión de comenzar el tratamiento con Betaferon, que por aquel entonces era el único tratamiento aprobado por la FDA para la EM. También lo saben el mejor amigo de Jed y jefe de gabinete Leo McGarry, y el vicepresidente John Hoynes, pues en caso de incapacidad grave del presidente, él asumiría las responsabilidades del cargo.

A raíz de un comentario enigmático por parte de Hoynes, el director de comunicaciones Toby Ziegler sospecha que algo no va bien. El presidente se sincera con él y posteriormente lo notifica al resto del equipo. Como todos los pacientes a la hora de comunicar el diagnóstico, Jed está en una posición de vulnerabilidad, expuesto a que los demás lo juzguen. Las reacciones de sus compañeros varían entre el shock, el miedo, la decepción, traición, confusión, preocupación por el futuro… Cada persona necesita su tiempo para asimilarlo.

Y si ya es difícil para Jed decirlo a su equipo, la EM se convierte en la madre de todas las noticias cuando voluntariamente decide contarlo al pueblo estadounidense. Bartlet no es el primer presidente que ha ocultado sus problemas de salud, ni mucho menos. No ha incumplido ninguna ley, pero se expone a una sanción del Congreso. Para su equipo es importante conocer la percepción de la gente, si creen que el presidente está en condiciones de ejercer su trabajo y especialmente, si continúan confiando en él después de no haber dicho toda la verdad acerca de su salud.

Tras realizar algunas encuestas concluyen que la sociedad desconoce en qué consiste la EM, no sabe qué tipo de enfermedad es, piensan que es mortal… Algunos consejeros recomendaban a Jed que no lo dijera públicamente porque la enfermedad no se comprende: “quienes dicen mentiras tales como que la EM es mortal deberían pedir disculpas a los familiares de esos pacientes”. A pesar de todo, aprovechan esta oportunidad para educar a la ciudadanía.

En un primer momento, el hecho de haber ocultado la EM resulta molesto para el círculo más cercano. Creen que de haberlo sabido podrían haber ayudado mejor al presidente y podrían haber tenido mayor control sobre la situación al comunicarlo al público. Por otro lado, Abbey no esperaba que su marido se presentara a la reelección; quisiera que Jed lo hubiera consultado con ella porque está preocupada por su futuro: “yo soy médico y ni siquiera sé cómo va a evolucionar la enfermedad”.

Bien avanzada la serie, durante un viaje en pleno compromiso diplomático, Jed sufre un brote que comienza con parálisis en las manos que se extiende a las piernas. Ha perdido sensibilidad, le resulta imposible comer por sí mismo, no puede mantenerse en pie pero en ningún momento se plantea volver a casa. Como necesita desplazarse en silla de ruedas y en el aeropuerto no está disponible una plataforma para desembarcar del avión, su asistente personal lo lleva en volandas para bajar la escalerilla. Sufre una caída en el baño al intentar mantenerse de pie y expresa la rabia al darse cuenta de que le está costando hacer su trabajo más de lo que esperaba. Las caídas, las barreras arquitectónicas y sobre todo, la lucha interna que libra un paciente a diario consigo mismo son ejemplos de los daños colaterales y los retos que supone la EM.

Jed, Abbey y el equipo deciden hacer todas las adaptaciones posibles para mantener a raya la fatiga en el trabajo. Ante la preocupación por los síntomas cognitivos y para ejercitar su cerebro, también juega al ajedrez con Leo una hora a la semana. Las recomendaciones de su médico pasan por siestas, reuniones cortas, hacer por teléfono todo lo que se pueda, reducir los viajes, dejar de fumar, utilizar el bastón, controlar la temperatura ambiente para evitar el exceso de calor… Así tiene que modificar y ajustar su vida una persona con EM, o como él mismo dice: “ahora programamos los discursos en función del tiempo que puedo estar de pie”.

A lo largo y ancho de Internet se ha criticado al actor que interpreta a Jed Bartlet en The West Wing, Martin Sheen, porque no aparenta estar “visiblemente” enfermo. Parece que Internet desconocía los síntomas invisibles de la EM, y en cuanto a los visibles, los propios pacientes tampoco sabríamos imitarnos a nosotros mismos. El personaje hace como que sufre menos de lo que en verdad es, intenta aparentar que la cosa no es para tanto, algo que todos hacemos habitualmente. Expresiones suyas como “envejecer antes de tiempo” y “los días buenos son cada vez menos buenos” son totalmente certeras.

La mayoría de las personas con EM sigue sufriendo aún hoy en día el mismo dilema que Jed Bartlet: decir en tu trabajo que tienes una enfermedad crónica. A pesar de todo lo que se sabe ahora sobre la EM en comparación con lo que se sabía entonces, el desconocimiento y la ignorancia de la sociedad hacen que los pacientes sigan teniendo miedo a las posibles consecuencias. Para mí, está claro que cuando las personas a tu alrededor conocen tu situación, en concreto las que se preocupan genuinamente, te proporcionarán mejor ayuda. Si no saben lo que te pasa, no hay nada que hacer. Por eso los propios pacientes tenemos que educarnos a nosotros mismos y a la sociedad en general.

Os agradezco que llegarais al final de esta entrada y recomiendo The West Wing a los seriéfilos, pues como dicen en The Guardian, es una serie que se entiende mejor en el contexto político actual que cuando se emitió originalmente. Y también la recomiendo a las personas con EM y a sus amigos y familiares. Se sentirán identificados con muchas palabras que se dicen, discusiones, situaciones de tensión y de incertidumbre. Por esto mismo, además de como entretenimiento, puede servir perfectamente como una herramienta más para contribuir a esa educación.

Para mí fue lo que despertó mi interés, pero ojalá que cuando veamos de nuevo The West Wing dentro de otros diez años no tengamos que reparar en el papel de la esclerosis múltiple y estemos más cerca de olvidarnos de ella.

Pacientes que no quieren ver

Me diagnosticaron esclerosis múltiple hace siete años. La primera vez que me puse en contacto con la asociación de pacientes de Oviedo fue unos años después, ya que como os he contado en anteriores entradas, el papel de la enfermedad en mi vida era menos que secundario. A pesar de que se había presentado oficialmente y había dado un poco la lata, la veía como un figurante entre muchos otros.

En cuanto la vida me dio un tiempo para pensar, decidí acercarme a la asociación. El trato allí fue muy amable y siempre que he tenido dudas sobre alguna cuestión como por ejemplo la valoración de la discapacidad los he llamado por teléfono y me han aconsejado lo mejor posible. Y en el momento en que se aprobó el Programa Mejora de rehabilitación, ahí estaban para notificármelo casi al minuto. Yo no disfruto de sus actividades a diario puesto que me queda lejos, pero les agradezco la ayuda que proporcionan a tantos y tantos pacientes. También hay que reconocer esa otra labor que apenas se ve pero que es tan importante como las negociaciones con ayuntamientos y hospitales, la organización de charlas, carreras populares, jornadas científicas y eventos de todo tipo para visibilizar la esclerosis múltiple.

Cuando me hablaban de las actividades que desarrollaban a diario, hubo un aspecto que me llamó la atención y es que organizaban las actividades y servicios terapéuticos en dos grupos. Por un lado, los pacientes que tenían mayor grado de discapacidad acudían por las mañanas, mientras que los que estaban “mejor” físicamente iban por las tardes. Y se organizaban así no porque unos tuvieran más energía en un momento del día o por decisión de los profesionales de crear grupos para diferentes actividades, sino a petición de los propios pacientes. Por una razón: los que estaban físicamente “bien” se venían abajo emocionalmente cuando se encontraban con otro paciente en silla de ruedas, y viceversa, los que estaban “peor”, recordaban lo que habían sido y ya no volverían a ser, le daban demasiadas vueltas al asunto y también les daba el bajón.

Yo por supuesto no tenía nada que decir, porque en mi condición de ignorante ante la enfermedad y el día a día de una asociación pensé que si los pacientes lo habían decidido así y todo el mundo estaba de acuerdo eso sería bueno para todos, aunque es verdad que no sé si continúa hoy en día. Más adelante, comentando esta situación con otras personas, la opinión general era que en el fondo la cuestión no estaba del todo bien, no debería ser así. Y realmente estoy de acuerdo.

pacientes

Recientemente, he leído en la Guía Asociacionismo y Redes Sociales de Merck que en esclerosis múltiple el número de pacientes que se asocian no llega al 30%. Es una tasa muy baja, y yo siempre pensé que era porque la gente desconocía la existencia de asociaciones o porque no sabía las actividades y asesoramiento de que disponen, pero la justificación, según una noticia de eleconomista.es, es que al menos un 40% de los encuestados “temen encontrarse con otros pacientes en peor estado”. Y eso es precisamente lo que os acabo de comentar, el bajón que les daría encontrarse con otros pacientes que tienen dificultades de movilidad o que están en mejores condiciones físicas. En aquel caso, los pacientes por lo menos ya acudían a la asociación, pero ese sentimiento y ese miedo seguía presente.

Ahora que ya me voy curando un poco de la ignorancia, me doy cuenta de que todo tiene su momento y cada uno decidirá libremente si quiere visitar una asociación o no. Si no te sientes cómodo o si no te gusta siempre puedes dejarlo, pero si ni siquiera contactamos con las asociaciones por ese motivo aunque sea una vez, nos estaremos perdiendo muchas cosas que van en beneficio nuestro.

Y por otro lado, lo que realmente quiero decir en esta entrada, aunque las asociaciones no existieran, tenemos que afrontar ese choque emocional y no escapar de él y pensar que si no le hacemos caso no va a estar ahí, porque es una parte más de una enfermedad crónica como la esclerosis múltiple. Existen miles de pacientes con diferentes síntomas y evoluciones de la EM, al igual que existen miles de historias de vidas diferentes.

Seguro que conoces a personas a las que la vida ha tratado peor que a ti y también conocerás a otros que han tenido más suerte que tú. ¿Duele ver a pacientes que están peor que nosotros? Entonces tampoco quisieras estar vivo pensando en las cosas malas que pueden pasar por el mero hecho de existir… ¿Duele ver a los que están físicamente mejor? Es como si alguien me dice que no quiere conocer a Ramón Arroyo por haber conseguido completar un ironman… No nos engañemos: la filosofía del “ojos que no ven, corazón que no siente” no aporta nada y se acabará volviendo en nuestra contra. Alguien no querrá saber nada de ti porque estás mejor o peor que ellos, y esa sensación no es nada agradable y no es justa.

En este 18 de diciembre, Día Nacional de la Esclerosis Múltiple, recordad y tened presente que los pacientes estamos todos en el mismo barco y no está bien mirar para otro lado. Tenemos que conocernos para conocer las distintas realidades de la enfermedad y ayudarnos unos a otros.

Programa “MEJORA” de COCEMFE Asturias en el Área I

¿Qué es el programa “MEJORA”?

COCEMFE Asturias lleva más de 10 años atendiendo a los pacientes crónicos a través del “Programa de Rehabilitación Continuada MEJORA”. Es un tratamiento continuo de fisioterapia y logopedia dirigido a personas con discapacidades derivadas de enfermedades crónicas y está destinado a mejorar su autonomía personal y su calidad de vida.

Dio sus primeros pasos en el centro de Asturias, llegando a los 568 participantes en 2016 y poco a poco se va extendiendo para llegar a las zonas del Principado que tienen menores posibilidades de acceder a este tipo de rehabilitación. Por primera vez, en marzo de 2017 se ha implantado en el Área Sanitaria I, en el noroccidente de Asturias.

¿Cuáles son los requisitos?

Los requisitos para participar en el programa MEJORA del Área Sanitaria I son:

cocemfe

¿Cómo funciona?

Las terapias se imparten en sesiones grupales o individuales de una hora, según las necesidades y la disponibilidad. Tienen un precio de 1 euro la sesión de grupo y de 3 euros la sesión individual. Para las personas con limitaciones de movilidad, existe la posibilidad de realizar la terapia en el domicilio.

¿Por qué lo recomiendo?

Me dirijo no sólo a los pacientes de esclerosis múltiple de esta zona (como yo) que lo puedan necesitar, sino también a quienes sufrís otras dolencias, para que conozcáis la existencia de este programa. Yo me enteré a través de mi asociación AADEM, la Asociación Asturiana de Esclerosis Múltiple, que me informaron en cuanto se aprobó la implantación en el Área I y me viene genial.

Gracias a la fisioterapia he descubierto que lo mejor para mi espasticidad son los masajes (o estiramientos pasivos) y aprendo nuevos ejercicios y estiramientos para fortalecer mis puntos débiles y nuevas formas de mejorar mi equilibrio. Es la mejor forma de aprovechar los servicios de COCEMFE sin tener que desplazarme hasta el centro de Asturias. Además, tengo la oportunidad de conocer a otras personas con otras enfermedades y enriquecerme con sus experiencias.

Para más información o para cualquier otra consulta podéis llamar al teléfono 985 396 855 o enviar un correo electrónico a la dirección federacion@cocemfeasturias.es, pero en mi opinión lo ideal es preguntar directamente a las asociaciones. Si por la razón que sea aún no habéis contactado con ellas, podéis aprovechar esta oportunidad para dar el paso.

¡Animaos!